La ampolla de Asclepio - La respiración (1)

Entre un ataque de tos y otro...

por Roberto Merante,médico y maestro di M.T.C. y William Giordano, masajista cualificado

Aquella noche de invierno fui el primero a llegar a la sede del club de Asclepio. Enseguida probé una sensación extraña saliendo del frío y de la niebla para ser abrazado por una sensación de calor y tranquilidad.
Enseguida nuestro Maitre – un hombre impenetrable llamado John, con un aire sereno pero destacado, propio de un perfecto inglés – me comunicó que Wilhelm no vendría pero que había dejado una carta. Luego de haberme acomodado en el sillón más cómodo y tentador empecé a leer:

Querido Thomas,
Aunque no pueda estar allí debido a mi consueta gripe de estación, quiero compartir con vos una reflexión, ya que conozco muy bien cuanto valores nuestras charlas. Declaro previamente que la escribí entre un ataque de tos y otro, así que será muy fácil para ti entender la razón de tal reflexión.
Hasta muy pronto

La respiración
Respirar, el acto más sencillo, natural y profundo que el hombre – junto con todas las formas vivientes sobre la tierra – cumpla miles de veces cada día y cada noche sin darse cuenta, tan pequeña es esa operación. Tan simple y al mismo tiempo tan importante que nos acompaña constantemente a lo largo de todo el tiempo que la vida misma nos otorgue arriba de este maravilloso planeta azul llamado tierra.
Cada movimiento de nuestro cuerpo, cada emoción, cada pensamiento más íntimo está ligado por doble hilo al respiro, que comunica con nosotros por medio del ritmo acompasado de nuestra historia vivida, sea esa de amor, odio, miedo, ansiedad o sexualidad, pidiéndonos solamente de compartir con él nuestras emociones en cambio de recibir parte de la energía necesaria que nos permite – luego – de saborearlas.
El respiro se presenta con toda su fuerza y necesidad dramática al neonato cuando nace, marcando aquellos instantes de manera claramente desagradable, pero desvelándose con toda su importancia y belleza cuando abre al pequeño las puertas de una nueva vida, sirviendo de medio de contacto con la materialidad del mundo en forma del aire que entra y sale desde su cuerpecito ofreciéndole el milagro de la vida. Cada estado de ánimo nuestro – positivo o negativo que sea – está acompasado por el ritmo de nuestro respiro y, siendo una de las principales funciones vitales junto con el corazón y los demás órganos, genera sintonía e interacción entre muchos aspectos de nuestro cuerpo y nuestra alma. Se deduce entonces que una respiración sana y natural asegura un buen equilibrio psicofísico, salud y ganas de vivir.
La respiración – conscientemente o inconscientemente – condiciona y es condicionada por nuestro estado de ánimo, positivo o negativo que sea, por nuestra salud y por cualquier tipo de actividad física, sea que nuestro corazón tenga un ritmo de 180 latidos al minuto luego de una corrida muy rápida, sea que estemos en recogimiento o en meditación en un momento intimo y privado, de oración o durante un sueño muy profundo y de descanso a la noche: el respiro nunca nos pide, desarrolla su trabajo naturalmente y con precisión y nunca nos traiciona.

Cuando miro la persona acostada sobre la camilla o sobre el futón, justo antes de un tratamiento, siento el movimiento y la alternancia de su respiración, si está respirando con el pecho o con el abdomen, y eso me permite entender y evaluar – parcialmente – su estado físico y psicológico. Observar el tipo de respiración me proporciona informaciones importantes acerca de su actitud hacia la vida y del tratamiento que estoy por empezar, permitiéndome interactuar con él en la manera más apropiada.

Por esta razón inicio teniendo el palmo de las manos apoyado delicadamente sobre el vientre del paciente antes de la sesión de masaje, al fin de establecer un primer contacto con la persona e intercambiando con ella sensaciones de energía. Así recibo buenos indicios para luego acercarme con el método más adecuado y, eventualmente, con técnicas de respiración guiadas en caso que existan particulares tensiones a aflojar o simplemente para relajarlo.

Durante una cualquier sesión de masaje, desde Shiatsu al Tui Na al masaje Thai, es importante para mí llevar la atención a la respiración y estimular respiros profundos y pautados, ya que esto permite que mi trabajo llegue mucho más a fondo y que el paciente interactúe conmigo sin particulares tensiones.
El trabajo sobre la respiración es, también, una herramienta eficiente y sencilla para llevar la atención hacia aquí y ahora, sin que nos olvidemos que el respiro es el primero a presentarse cuando nacemos y el último a irse cuando se presenta la muerte.
Wilhelm Schneider

“Es muy cierto”, pensé, “muchas veces como médico considero la respiración solamente como el medio que el cuerpo tiene para ingerir oxígeno vital a las células y eliminar anhídrido carbónico a través del aire que respiramos. Es cierto que, desde un punto de vista físico, el equilibrio de todo el funcionamiento del cuerpo – y en particular del corazón y del cerebro – depende del correcto equilibrio de esos gases en la sangre. Existen muchos estados emotivos que modifican el ritmo regular y que pueden alterarlo, permitiendo relevar el estado de malestar de la persona”.
Luego me acordé de haber visto por internet unos videos de jóvenes que, respirando rápidamente y profundamente, se provocan un estado de alteración mental que podía llevarlos hasta la pérdida de conciencia. Con la ilusión de aumentar la oxigenación en la sangre, bajaban mucho el nivel de anhídrido carbónico, cambiando por consecuente el equilibrio químico de la sangre. La alcalosis respiratoria (como se ve en las crisis de pánico prolongadas) provoca primeramente un hormigueo en los miembros y una progresiva rigidez de todos los músculos. Semejante cuadro puede ser muy peligroso en presencia de alteraciones cardiacas o neurológicas de las cuales se ignora la existencia.
Reflexionando de esta forma no pude evitar una sonrisa pensando en mi suerte de tener un amigo tan profundo, capaz de traerme nuevamente y con sencillez al sentido profundo de la vida.

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