La ampolla de Asclepio - La respiración (2)

El respiro, el soplo vital que habla de nosotros...

por Andrea Pascale, psicólogo y psicoterapeuta

Ítaca, fin de un viaje. Ulises vuelve de mundos desconocidos y de experiencias increíbles, abrumadoras, indescifrables, y sin embargo no falla en reconocer inmediatamente su padre Laertes, anciano y consumado por la espera… Es suficiente permanecer un instante en escucha de su respiro lento para reconectarse con su origen y su pertenencia, una especie de código de acceso que supera por inmediatez e intensidad cualquier palabra… Homero usa un término, ψϋχή (psiqué), que el mismo Sócrates explotará como columna central de su filosofía, “psique”, respiro, soplo vital, alma.

Muchas veces sucede que en la cultura clásica esté presente todo lo necesario para desarrollar significados no solamente modernos, sino siempre más actuales y centrados en el hombre: es hermoso ver como – por lo menos 4 siglos antes de Cristo – la civilización griega ya hubiese individuado en el acto de respirar uno de los aspectos más profundos y esenciales del ser humano. Tampoco resulta difícil observar como este “soplo vital” se haya transformado en uno de los ‘arquetipos’ – para usar un término de Jung – de todas las principales religiones modernas, in primis la religión católica cristiana que describe el origen de la vida asociándolo a un “aflato divino”, primordial y generador.

Observando lo que ocurre en el recorrido evolutivo de cada uno de nosotros, resulta evidente que el primer pedido que nos hace el mundo, sin descuentos ni mediaciones, es el de “respirar”: el primer respiro representa esa cortina escénica que se necesita tirar abajo para poder entrar definitivamente en el escenario de la existencia. Un salto traumático muy fuerte que define la línea de demarcación entre lo que es vida y lo que todavía no lo es o no lo será. Esta primera gran acción a la que el neonato viene llamado es la inmediata y continua confirmación de cuanto los seres humanos sean organismos naturalmente predispuestos a su proprio desarrollo y a su auto-realización: uno de los mayores psicólogos modernos, Carl Rogers, nos dice que el primer respiro representa esa fuerza interior estrechamente ligada a la esencia misma del hombre, definida tendencia actualizadora, que lo lleva a orientarse constantemente hacia la vida y hacia la máxima expansión de las posibilidades de su organismo.

Así, aquella acción tan necesaria y esencial cuanto automática e instintiva, viene subestimada y casi olvidada con la existencia: lamentablemente nos olvidamos los significados antropológicos que el respiro simboliza; la proximidad entre respiro, soplo vital y alma introducida por Sócrates nos demuestra cuánto ese gesto simple sea cargado de elementos ancestrales desde un punto de vista espiritual y cuánto de psicológico lleve incorporado.

Si reflexionamos, el gesto de introducir “aire” en nuestros pulmones representa un canal abierto hacia el exterior, un primero y continuo contacto con lo que es “non Yo”, el comportamiento más inmediato que presupone la introducción directa de un elemento externo adentro de nosotros, mucho más rápido y directo del nutrirse, una confirmación primordial de que existe un Yo y un mundo exterior del que ése difiere.

Con esta diferenciación el ser humano percibe los primeros rudimentos de su individualización como organismo que no se funde con lo que lo rodea: así el aire que inspira y espira deviene la validación no solamente de su ingreso en el mundo, sino también de su diferenciación de él.

Al mismo tiempo el respiro lleva consigo rasgos de protección respeto a su afuera: el acto de respirar puede ser visto – en definitiva – también como la creación de un espacio de descompresión que amortigua el choque del exterior, una tierra de medio, capaz de conllevar elementos de mediación y elaboración del choque con el “afuera”, un pasaje entre el “Sí” y el “Non-Sí”.

Dichas características hacen que no sea solamente obligada, sino necesaria la promoción de un redescubrimiento de lo que podríamos definir una “cultura del respiro”, una disciplina saludable, trasversal y universal que concientice cuánto este recurso natural interno sea precioso: a través del sentir verdaderamente nuestro respiro podemos entrar en un contacto profundo y real con nosotros mismos; gracias a la conciencia de nuestro acto respiratorio podemos mejorar nuestras prestaciones físicas, deportivas y non; gracias a la familiaridad y a la domesticación de todos los órganos destinados a la respiración podemos contener mayormente nuestras ansiedades, nuestros miedos, nuestras angustias o incluso desarrollar nuestros potenciales, ampliar nuestros límites y mejorar nuestra vida.

Es necesario, sin embargo, recuperar la profundidad de los antiguos para no limitarnos a conclusiones banales, riesgosas y tentadoras, encontradas muchas veces en algunas tendencias que se hacen pasar por “new age”, si bien demuestren visiones superficiales y obvias. Solamente con una escucha atenta y profunda de nuestra respiración lograremos realmente entrar en contacto con nosotros mismos y conocer nuestros potenciales: un acto de devoción hacia nosotros que debe evitar derivaciones superficiales y ridículas que a menudo vienen proporcionadas como teorías resolutivas y salvadoras.

Concluimos volviendo a nuestro íncipit, pero esta vez citando a la Ilíada: fue a través de un “respiro”, el divino de Atenea, que Aquiles logró salvarse de la flecha mortal lanzada por Héctor…

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